Arquitectura

Tres melodías de Le Corbusier

La ruptura de las concepciones academicistas producidas por la revolución pictórica de finales del siglo XIX y fundamentalmente la búsqueda de los más importantes intérpretes del cubismo obsesionados por representar la profundidad en dos dimensiones, creó un nuevo universo de imágenes que dio origen a numerosas corrientes artísticas. En años subsiguientes, la idea pictórica desarrollada por el Purismo entiende la representación de objetos en virtud de sus propiedades físicas, sus conflictos o sus acuerdos, admitiendo la tensión entre planos como un hecho espacial de la superficie representada. Un escenario donde la luz y las tonalidades son determinantes para el logro del objetivo.

La convención purista aplicada en la pintura, es transportada a la arquitectura por Le Corbusier a partir de 1920. Desde entonces y hasta el final de su carrera, las referencias a su saber pictórico se encuentran amarradas a su obra en disposiciones, gestos o razonamientos, cualquiera sea su programa o escala.

Esa alianza implícita confiere a la arquitectura de Le Corbusier un carácter singular, acuñado en una dialéctica colmada de alegorías poéticas. Esta fusión manifestada en lenguajes indivisos, encuentra en la composición de la elevación de calle de la casa Curutchet un caso emblemático. Con tres de sus caras laterales comprimidas entre muros medianeros, el carácter de la fachada resulta fundamental para expresar la idea de arquitectura gestada en el interior de la obra.

En la Casa Curutchet, Le Corbusier resume el proceso compositivo de la vista frontal aplicando el enfoque pictórico purista.

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